El incidente con el policía, cómo explicarlo, me depiló el alma. Depilación brasileña. Me ha quedado el alma como los muslos de una quinceañera.
Por la noche he podido colarme en la residencia en busca de mi vieja. Hoy será mía. Son las tres de la mañana y estoy dentro de la residencia. Una puerta abierta, un vigilante dormido. No parece que haya cámaras. Miro en la habitación ciento uno, ciento dos, ciento tres, ciento cuatro, ciento cinco, habitación la viejecita los cojones. Entro. Veo cómo su diafragma sube y baja de forma armoniosa, algún ronroneo que otro. Pienso en abrirle la cabeza para ver con qué sueña,¿sueñan acaso las viejecitas?, pero sólo he traído un juego de cuchillos. Con él empujo la sábana, y me encuentro lo esperado: gallina vieja.
Al oír un ruido tengo el tiempo justo de deslizarme bajo la cama, justo cuando se abre la puerta.
Veo unos zapatos avanzar hacia mí. Yo no me muevo. Sobre los zapatos, unos pantalones que se arrugan, y un cinturón que al caer golpea el suelo. Yo sigo sin moverme. En estos momentos soy sólo el observador de un baile que no acabo de descifrar. Los pantalones bajados dejan entrever el tatuaje de una serpiente enroscada a una cruz.
La serpiente desaparece, la cama desciende unos centímetros. ¿Qué quiere este cabrón? Mierda, no puede ser. La cama empieza a crujir a ritmo constante, y la abuela jadea entre sueños.
-Ven con papi, te voy a llenar de leche que a tu edad necesitas calcio.
Y así veinte minutos. En estas situaciones , uno tiende a ser más humano, ha de sentir empatía. ¿ Qué hago? ¿La mato cuando acaben de violarla o le explico después cómo abusan de ella mientras duerme sedada? No será fácil hallar la respuesta, no cuando uno tiene consciencia de que la ética es un poliedro el cual a veces no es fácil de encontrarle la cara buena.
martes, 11 de agosto de 2009
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